Esta vez, la perspectiva de
análisis corresponde a la Ecocrítica desde el Ecofeminismo, revisando la idea
de progreso occidental y oposiciones como cultura-naturaleza, razón-emoción o
mujer-hombre. Intentaremos responder a cuál es la posición de la mujer, como
objeto de explotación y como representación en la producción cultural.
Partiendo de la premisa que dicta
Celia Amorós en su obra Hacia una crítica
de la razón patriarcal: El hombre a lo largo de la historia se ha pensado a
sí mismo como cultura en oposición a la naturaleza y como dominador de esta, y
ha relacionado a la mujer con lo natural, asociándole también atributos y
connotaciones con las que es definida la idea de Naturaleza: origen de la vida,
raíz, seno, vientre…, además de otros atributos como el de impulsiva, salvaje,
exótica, peligrosa, necia…; algo, en definitiva, que o bien hay que cuidar, o
contra lo que hay que luchar, dominar y domesticar, frecuentemente en nombre de
la razón y del progreso. Podemos afirmar que nuestro producto cultural peca corroborando
este hecho, lo observamos en el concurso de talentos Pequeña miss Sunshine, en cómo
van saliendo las niñas a “exhibirse” mientras cantan o bailan diferentes
canciones “aptas para ellas”, en cambio vemos el radical cambio de reacción
cuando sale a representar el número nuestra niña protagonista. Lo vemos así
porque la canción elegida por el abuelo es algo escabrosa y quizá demasiado
explícita para niños y niñas de esa edad, y si lo mezclas con la coreografía
dirigida también por el abuelo, nos llevan a las características antes
mencionadas de salvaje, exótica, necia…adjetivos contra los que la sociedad
patriarcal intenta luchar, dominar y domesticar.
La definición de cultura desde
una perspectiva feminista nos recuerda que, según el concepto clásico de
cultura, el hombre sería igual a cultura, mientras que la mujer quedaría
asociada a la naturaleza. Ponemos de nuevo el ejemplo de Celia Amorós, la cual
afirma en sus obras que: La asociación
conceptual de la mujer con la naturaleza (concepto construido social e
ideológicamente desde las definiciones que la cultura se da a sí misma) […]
Pensamos que responde a la situación universal de marginación y de opresión
–cuando no de explotación- en que se encuentra la mujer, opresión desde la que
se la define (y así se ha racionalizado y legitimado) como aquello que requiere
ser controlado, mediado, domesticado o superado según los casos. Nuestra
película es un claro ejemplo de esta afirmación, pues realmente, el epicentro
de este producto cultural es el viaje al concurso de talentos, concurso
Infantil, donde acuden niñas a explotar su imagen. Basándonos en las palabras
de Celia Amorós, vemos que este concurso de belleza está totalmente
patriarcalizado y lamentablemente bien visto a ojos de la sociedad. Puede
considerarse a sí mismo un acto marginal. Pese a que social y culturalmente
estén bien vistos, racionalizados y legitimados, las personas que participan
siempre corresponden a una minoría, a la cual se le exigen ciertos cánones de
belleza que deben cumplir, y sobre los cuales toman base la sociedad y sus
prejuicios.
El ecofeminismo es el movimiento que aúna la lucha feminista y ecologista, poniendo de manifiesto que ni la ciencia ni la tecnología son neutras respecto al género, que los procesos de “modernización”, “desarrollo” y progreso” son los causantes del deterioro del mundo actual y que sus consecuencias son peores para las mujeres que para los hombres, y que son éstas las primeras en todas partes en protestar contra la destrucción del medio ambiente (Shiva y Mies 1997). Varias vertientes del ecofeminismo comparten que la subordinación de las mujeres a los hombres y la explotación de la naturaleza son dos caras de una misma moneda y responden a una lógica común: la lógica de la dominación patriarcal y la supeditación de la vida a la prioridad de la obtención de beneficios. Al reflexionar sobre este aspecto en nuestro producto cultural, vemos que representa esta visión. El padre Richard está obsesionado con la obtención de beneficios, así lo refleja en varias ocasiones con su frase “lo que hacen los ganadores”, sus constantes lecciones “para triunfar” y sus comentarios sobre la competición en la vida. Vemos que responde sin duda alguna a una lógica de dominación patriarcal porque es precisamente Richard (heterosexual, blanco y hombre), quien está constantemente haciendo comentarios negativos acerca de todos los demás, a su hijo Dwayne le machaca con la competitividad, critica la homosexualidad de su cuñado Frank, juzga a su hija de siete años por que le apetece comer helado, a su padre le llama loco y se compadece de su mujer Sheryl queriendo adquirir el papel de pilar económico diciéndole que confíe en él y lo deje todo en sus manos. Por último, la supeditación de la vida a la prioridad de obtener beneficios lo enlazamos con el hecho de que Richard ponga en peligro de quiebra a toda la familia por un trato de venta de su libro.